agosto, 2007 | π blog

Archivo de agosto de 2007

Lubina 1 – Pilone 0

No podí­a faltar dentro de mis vacaciones la tí­pica noche de pesca. Anoche pintaba que iba a llover, pero no se decidí­a, así­ que como el capitán de Moby Dick, me puse el forro polar y me di un paseillo por el puerto de Celeiro (Cillero le llaman aquí­) para tentar con mi caña y mis rapalas a la tí­pica lubina gallega (Robaliza le llaman aquí­) que me espera, engordando año tras año, desde hace no menos de quince años. Me planteo que después de tanto tiempo de engorde (suyo, bueno, y mí­o también), voy a necesitar un arpón en vez de mis rapalas. Llegando al puerto, tení­a yo el presentimiento de que esta iba a ser mi noche. Esa noche especial que se le cuenta a los nietos, y ellos cuentan a los suyos para recordar al “abuelo pescador”. Esa noche en que los planetas se alinean, y después de unos cuantos intentos, el pescador, la presa y el mar se hace uno y alcanzan los tres juntos el éxtasis en una lucha que dura varias horas, y después de la cual el pescador cobra su gran pieza, la pieza de su vida… Pues bien, mierda pa tí­. Después de rapalear pelado de frí­o durante una hora y media, me di cuenta de que la lubina se habí­a tomado las mismas vacaciones que yo, y que triunfarí­a más si me fuese a casa a tomarme un descafeinado calentito, que en el puerto haciendo el gilipollas con los mocos colgando del frí­o. Como ya tení­a “in mente” colgar un post triunfal con una foto de la captura de la noche, he decidido hacerlo, lo que pasa es que en vez de una lubina de cuatro kilos, aparece un descafeinado calentito. Ese fue el verdadero triunfo de la noche, irme a casa a tomarme el descafeinado, como los grandes.
Recuerdos de mi microondas.

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ABC, copiotas

Perplejo me he quedado leyendo el ABC del sábado 18 de agosto, cuando he descubierto un artí­culo que va de lo mismo que uno que escribí­ aquí­ hace tiempo. Se trata del post “Quien hace la ley, hace el ridí­culo” que escribí­ el pasado 20 de marzo, y que contaba algunas de las leyes estúpidas que se han heredado de tiempos pasados, y que hoy en dí­a no tienen mucho sentido. Yo entiendo que el tema da para mucho, y que los periodistas de ABC se aburren mucho en verano, pero es que me han copiado el tí­tulo del artí­culo. Yo que siempre intento hacer un chascarrillo en el tí­tulo del artí­culo… Me jode. El contenido he de reconocer que no, ya conté que era un copia-pega de una búsqueda que hice en Gooooogle (o como se llame). Menos mal.
Un besote desde la cúspide de mi “Balay 3WM 1918 (con tecnologí­a DEO, eh)”.

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Tengo WIFI (pero poco)

Gracias a la bondad (o no) de un incauto vivariense tengo WIFI en mi casa. El año pasado tení­a que esperar a que el de la tienda de cacerolas encendiera el router, pero este año hay como 3 o 4 redes, de las cuales una (de nombre “WLAN”, por supuesto) está abierta al público las 24 horas del dí­a.
Es impresionante como en tres años, hemos pasado de no haber ni una red en todo el pueblo, a haber cientos. Me encanta. Dentro de nada podremos olvidar capí­tulos como el vivido por mí­ y mi esposa en Mérida, cuando nació el rollizo bebecito de mi hermana y tuve que recorrerme toda la ciudad con el portátil en las rodillas hasta encontrar una red abierta para mandarle a la gente las primeras fotos de mi sobrino. Cosas del “baidefeis”.
Así­ que dándole gracias al gran hacedor por la bondad de sus criaturas, me dirijo a poner el portatil encima del microondas, porque es el único puto sitio de toda la casa, desde donde puedo conectarme a esa red.
Un besote desde lo alto del microondas.

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Miña terra galega

Vamos a tener (como todos los años) la oportunidad y el lujo de irnos a tierras de la costa lucense, a la localidad de Viveiro, para pasar los pocos dí­as que nos quedan de vacaciones. Voy a intentar que participéis de las cosas que nos van sucediendo, dónde vamos, qué comemos, dónde nos bañamos.
Como este blog es más de estilo familiar que otra cosa, os voy a hacer que, aunque sea de una forma remota, disfrutéis tanto como yo de este viaje.

El primer dí­a en el paraí­so ha sido una bacanal de marisco, buen vino y playa. Hací­a bastante tiempo que no tomaba tanto marisco y de tanta calidad.
Para ello nos hemos tenido que mover 29 kilómetros hacia el oeste, a la localidad de Espasante, en cuyo puerto se encuentra el restaurante “Planeta”. Este restaurante comenzó a servir comidas allá por 1973, y los más antiguos todaví­a recuerdan las mesas corridas en las que se reuní­an varias familias (en la misma mesa, claro), y en las que el utensilio para abrir el marisco era una maza. Claro, después de unos cuantos vinos, la punterí­a con la maza mermaba, y acababan salpicando de marisco unas familias a otras (supongo que así­ comenzaron a hacer el salpicón de marisco). Bueno, pues desde entonces, el negocio ha evolucionado bastante, y ahora, en vez de una marisquerí­a cutre, nos encontramos unos salones “atutiplén” que sirven un de los mejores mariscos de la zona.
En las rí­as altas, el rey del marisco es el Bogavante (lubrigante le llaman por allí­), y hoy hemos tenido la suerte de degustar dos hembras de lubrigante de unos 2 kg. cada una, una cocida y la otra a la plancha (espectaculares) regadas con vino de la tierra (ribeiro Casanova 2006), que aunque joven, casaba perfectamente con los manjares que estábamos degustando.
A estas dos piezas le han acompañado unos calamares de la rí­a fritos, un pulpo a feira, almejas a la marinera (muy recomendables), y unas croquetas de centolla.
Un dicho gallego canta: “Hombre o mujer que come centolla, no duerme bien si no folla…”, pues bien, malpensados, luego no hemos ido a “tirar unos cohetes”, sino a la playa, que hací­a una tarde de sol como nunca. En este mismo pueblo, a menos de 100 m. del restaurante, se encuentra la playa de la concha. Aguas cálidas (comparándolas con otras como las del ártico) y limpias, buena compañí­a, sitio de sorbra para que corran los niños, y muuucha playa para bajar a base de paseitos la comilona de marisco.
Un abrazo a todos.

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