julio, 2007 | π blog

Archivo de julio de 2007

Nano-universos

Se ha celebrado este año el 51 Congreso Internacional sobre Nanofabricación y Litografí­as por haces de electrones, iones y fotones (EIPBN 2007) manda huevos. No es que yo estuviera pendiente de cuándo y cómo se iba a celebrar, es que he leí­do la noticia en una página de ciencia y me han parecido sorprendentes las fotos tomadas con esos cojo-microscopios.
Ya sabéis que yo me paso media vida buscando similitudes entre la naturaleza y los números, cualquiera que lea este blog desde hace tiempo lo sabe porque a menudo publico posts que tienen que ver con ese tema. Pues bien, leí­a el otro dí­a un post de Netámbulo donde se hablaba del increible parecido entre un monte y el conjunto de Mandelbrot, y me llaman ahora la atención estas nano-fotos en las cuales se reconocen objetos cotidianos, pero a escala muy muy pequeña. lo cual me hace plantearme esta pregunta:

¿Somos caóticos y autosemejantes?

Os dejo esta pajilla mental reflexión justo antes de irme a Ibiza a la boda de Dani y Marí­a.
Por cierto que justo después de la boda me iré a la Manga del Mar Menor a bucear en la ciudad sumergida. Ya os contaré.

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E.T. el extraterrestre [piratón del siglo pasado]

Ayer pusieron en la tele la pelí­cula “E.T. el extraterrestre” y viendo la curiosidad que suscitaba en mi hijo Juan, me decidí­ a quedarme con él a verla. Es flipante cómo lo que antaño nos parecí­a una gran pelí­cula con unos increibles efectos visuales, con el tiempo y la lejaní­a, se convierten en un semi-truño. Pero el caso es que a mi hijo le gustó, eso si, no paraba de preguntarme cosas del tipo ¿y va a aprender a hablar el marciano? o ¿está muerto de verdad el marciano?.
También estuve pensando en que esa fue la primer pelí­cula que vi pirateada en toda mi vida.
Si señores, corrí­a el año 1982 o 1983 (no recuerdo ya) cuando se empezó a proyectar en España la pelí­cula “E.T. el extraterrestre” y mis primas cartageneras introdujeron en un cine de la susodicha ciudad, una cámara SONY y grabaron la pelí­cula de principio a fin. El verdadero mérito de ellas, no fue el introducir la cámara en el cine, porque probablemente el tí­o de la puerta no habí­a visto un aparato de esos en su vida, y no sabí­a si era una cámara o una lavadora. El verdadero mérito del acto fue aguantar durante toda la pelí­cula con una cámara de muchos kilos en el hombro, a la que habí­a que conectar un módulo del tamaño de medio ví­deo (con una baterí­a de las de antes incluida) para darle al PLAY+REC. En total yo le calculo que la cámara en sí­ debí­a pesar unos 15 kilos.
Eso es una hazaña, y no lo de los chinos con sus mini-cámaras, que a veces se aburren tanto que se duermen y roncan.

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